domingo 8 de febrero de 2009

Bedini

 

 

 

 

 

 

trate de no comerse las flores querido lector...

 

 

 

viernes 30 de enero de 2009

Te asesina

 

 

 

 

jueves 16 de octubre de 2008

La risa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles 23 de julio de 2008

Poesía etílica

 

Para describir un vino, el ejercicio de la poesía es utilísimo, porque en definitiva la poesía no es más que la búsqueda de las palabras para describir matices, percepciones, cosas difíciles de explicar. Diferenciar conceptos más bien esotéricos, como la diferencia que hay entre la morriña y la nostálgia. La descripción de los vinos es peliagudísima, por que en realidad los vinos son un invento. No existen vinos: existen botellas. Y de hecho no existen botellas, sino que existen momentos. Es todo muy subjetivo. La costumbre actual, heredada de Robert Parker, de puntuar a los vinos del 1 al 100, es una mentira total, por que un vino lo tomás un lunes y te parece maravilloso y lo tomás el martes y te parece una cagada.

 

¿Qué hacer cuando un mozo le planta el corcho sobre la mesa tras destapar la botella, como esperando que usted emita algún juicio?

Variante uno. Ante todo mirarlo fijo como hace uno con cualquier destape y, croqueteándolo después levemente entre el pulgar, el indice y el dedo medio, olfatearle las barandas como quien detecta: o sea, cejas en alto y párpados cerrados.
Sonido a emitir: "mmm...". Trascartón devolvérselo al mozo con expresión de serena sabiduría perspicaz conjetural aleatoria.
Frase a emitir: "Traémelo sarteneado unilateral fileteado finito sobre un zócalo crocante de cabra y berenjenas con un fondo de sashimi".

Variante dos. Devolverlo Idem, con la frase a emitir cambiada: "Dáselo al chef y decile que bueno". Cuando el chef aparezca preguntando "bueno que", ya la cosa cambió. Dejó de ser problema de corcho para transformarse en problema de chef. Cada cosa a su tiempo, una por vez.

(Recortes de una entrevista a Miguel Brascó por pablo plotkin)